martes, enero 19

neptune


Desde nunca me gustaron los rayos de luz. El Sol nunca me hizo compañía en las horas más ásperas, ni me arropó cuando el viento silbaba entre los barrotes de mi cama. Realmente nunca me han llegado a agradar; sé que no duran. Los haces vienen y van entre las nubes sin ritmo establecido. ¿Para qué anhelar algo bueno que sabes que te abandonará, teniendo asegurado algo que no llega a ser del todo malo? En mi caso, el invierno siempre se ha sentado a mi lado, rozando piel con piel, sujetándome cuando mis piezas se deshacían con la lluvia torrencial de la tormenta. Casualmente, podía aparecer algún fulgor entre tanta borrasca. Cuidado. Viene, te acaricia, y se va. La calidez que había dejado sobre tus párpados se desvanece de forma efímera, y la ventisca te envuelve de nuevo. ¿Quién soy yo para confiar en aquello que hace mi interior arder, pero no avisa de las quemaduras? Ilusa, ingenua e inocente, en cada bofetada hay un beso escondido. No quiero sus besos, ni su afecto, que, con cada mirada, la sangre brota por la acción de su puñal. No necesito que me hagas compañía en las horas más ásperas, ni que me arropes cuando el viento silbe entre los barrotes de mi cama. No quiero tus rayos de luz.

5 comentarios :

  1. Veo en tu blog algo que no veo en el resto. Y no hay nada que me atrape y que me guste más al mismo tiempo.

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    1. Muchísimas gracias, ¡no sabes cuánto lo aprecio!

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Amor animi arbitrio samitur non ponitur.